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miércoles, 21 de enero de 2009

Tinajas, hornos y hasta un esqueleto bajo la plaza de Santa María la Blanca

Carlos Moya

Serán los últimos contenedores soterrados de Sevilla, según Lipasam, por lo caro y lo lento del sistema. Pero con ello ya se contaba. Por eso, los arqueólogos tienen abierta parte de la plaza de Santa María la Blanca, la vieja Judería, para asegurar que la obra no arrasa sin más con el pasado del lugar. Unas tinajas, restos de hornos y hasta un enterramiento han asomado bajo tierra.Aunque para el gerente de Lipasam, Rafael Pineda, esto de excavar sea un “inconveniente”, siempre tiene su recompensa, entendida como una oportunidad única para hacerle desembuchar a la tierra lo que se tragó un buen día. Unas veces salen piezas excepcionales que dejan a todos boquiabiertos, y otras (las más) apenas dan restos e información inconexa que acaba en informes y en cajas en el Museo Arqueológico. En cualquier caso, datos acerca del pasado.Esto mismo es lo que se ha puesto de manifiesto en la concurrida plaza de Santa María la Blanca, a las puertas mismas de la Consejería de Cultura. Resulta que para poder colocar la recogida neumática de residuos en la zona –como está comprometido–, antes había que excavar en profundidad hasta la cota afectada por la nueva infraestructura, es decir, hasta casi tres metros de profundidad. Y dado que la plaza está en pleno casco histórico y en su área de influencia estuvo la judería, pues había motivos sobrados como para investigar el subsuelo.Tras dos meses extrayendo restos, las dos catas practicadas han arrojado curiosidades. El corte más amplio, de unos 20 metros y frente al hotel Alfonso X, ha permitido recuperar tres enormes tinajas que, según Raquel e Inmaculada López, las arqueólogas, “pertenecieron al antiguo convento de San José, que hasta antes de la desamortización alcanzaba hasta este punto de la actual plaza, según el plano de Olavide”. Bajo el estadio conventual, los cortes arrojan restos de construcciones del siglo XIV que están en fase de análisis, pero que bien podrían pertenecer a la Judería. Entre estos vestigios hay huesos de animales y útiles, como un candil. El otro sondeo, frente a la iglesia de Santa María la Blanca, ha permitido dar con la cimentación de una casa islámica, además de con dos hornos para la fundición del metal y un esqueleto aislado que los estudios probarán si se trata de un cuerpo judío o cristiano, aunque los judíos no solían enterrarse dentro de las urbes. El arqueólogo responsable de esta parte de la excavación, Jaime González, es precavido al respecto hasta tanto no puedan estudiar más a fondo lo hallado: “Dado el momento de la investigación en el que nos encontramos, no se ha identificado con cierta seguridad ningún expediente constructivo relacionado directamente con la comunidad judía”.Será lo de menos. Lo importante es que al rico subsuelo de Sevilla se la habrá arrancado más información. Y la que aún podría dar, porque para concluir las catas resta un mes y, por la profundidad a la que se llegará, se dará con estratos romanos. Una vez desempolvado tanto pasado, Lipasam tendrá vía libre para instalar sus contenedores soterrados.
Tomado de: http://www.elcorreodeandalucia.es/noticia.asp?idnoticia=4424170095099094095093424170

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